Para las primeras pruebas sirve prácticamente cualquier tipo de papel; sin embargo, conviene conocer sus variedades y entender cuál se adapta mejor a cada tarea. Estos principios también se aplican a otros materiales secos, como el carboncillo, la sanguina y la sepia.

Tipos de pasteles secos

Los pasteles pueden tener distintos grados de suavidad:

Pastel duro

El pastel duro, normalmente en forma de finas barras cuadradas, resulta práctico para bocetos y detalles. Es menos frágil y más difícil de difuminar; por la densidad del pigmento, cuesta más aplicarlo en obras de muchas capas.

Pastel blando y muy blando

El pastel blando y muy blando suele tener forma redondeada o cilíndrica. Su densidad es menor, se aplica con facilidad sobre el papel, sirve muy bien para difuminar y se borra incluso con un paño normal.

Personalmente, prefiero utilizar pasteles blandos en mis trabajos. Normalmente empiezo con pasteles más densos, casi duros, y luego paso poco a poco a los blandos. De esta forma, el pastel se va aplicando por capas. Trabajar en el orden contrario resulta más complicado.

Si, por el contrario, prefieres difuminar, puedes utilizar directamente un pastel suave y luego perfeccionar los detalles al final.

Papel para pasteles

Textura

El papel pastel tradicional presenta diversos colores y una textura similar a la de una «cáscara». Al tacto, recuerda al papel de acuarela, pero tiene tonos suaves, que van desde los grises claros y ocres hasta los colores intensos.

Personalmente, prefiero una textura más fina y, a veces, incluso una superficie totalmente lisa, como la del papel Watman.

Se considera que la textura granulada es necesaria para que el pastel se adhiera a la superficie: al fin y al cabo, no es más que pigmento seco. Pero mi experiencia me dice que incluso el papel normal sin pulir se adapta perfectamente al pastel. Las líneas quedan más nítidas, ya que no hay relieve excesivo.

Si te gusta difuminar, es mejor que elijas un papel con textura. En él, el pigmento se distribuye de forma más uniforme y las transiciones entre tonos quedan más naturales.

Hoy en día, muchos artistas prefieren el papel aterciopelado. Su agradable textura permite difuminar y mezclar los colores.

Tono del papel

El color del papel puede convertirse en una parte integral de la composición: su fondo y su base.

Me encanta trabajar con papel o cartulina de colores: marrón, gris, verde, azul… tonos naturales y tranquilos.

Al principio, el pastel sobre papel blanco suele parecer turbio y sucio. En cambio, un fondo de color crea un tono medio a partir del cual se puede variar libremente, hacia la luz o hacia la sombra.

Si solo tienes papel blanco a mano, es fácil darle un poco de color. Basta con una capa fina de gouache, sanguina o acrílico muy diluido. Lo importante es no excederse con el agua, para que el papel no se deforme.

Técnicas para trabajar con pasteles secos

El pastel seco es un material frágil y agradable al tacto. Se aplica con bastante facilidad sobre el papel y resalta a la perfección su textura. Por eso existen diferentes formas de dibujar con él: desde un trazo ligero hasta una superficie densa y aterciopelada.

El trazo y la superposición

Prefiero trabajar con trazos, algo que también se refleja en mi pintura. El trazo me permite resaltar la forma, mantener la pureza del color y aportar expresividad. Es muy útil para las obras con varias capas.

Difuminado

El difuminado permite conseguir transiciones suaves, ligereza y ligereza. Es la técnica preferida por los amantes del realismo.

Se puede dibujar con una mancha grande usando el lateral del pastel y después difuminarla con el dedo, algodón, un pincel o un difuminador de papel.

Mezcla de colores

Los pasteles se mezclan fácilmente directamente sobre el papel. Basta con pasar ligeramente el nuevo color sobre el antiguo para que se cree una transición suave. Se pueden aplicar hasta cinco o seis capas, siempre que el pastel lo permita y no resbale.

También funciona bien la técnica de la «mezcla óptica»: cuando los colores no se difuminan, sino que permanecen juntos en forma de trazos o puntos.

Cuando pintes, es imprescindible que lleves contigo un paño para limpiarte las manos: el pastel es un material muy frágil y se mancha con facilidad.

Fijación y almacenamiento

Sin fijar el dibujo, el pastel sigue siendo vulnerable: basta un simple roce para que el pigmento se borre o se desprenda. Esto es especialmente cierto en el caso del pastel blando: sus partículas se adhieren al papel únicamente gracias a la textura de la superficie.

Por eso, la fijación es una etapa imprescindible. Para ello se utilizan barnices especiales para materiales secos (fijadores). Se pulverizan sobre el dibujo formando una capa fina y uniforme desde una distancia de unos 30-40 cm. Esto permite «alisar» el pigmento y fijarlo sin que pierda intensidad de color.

A veces, los artistas utilizan laca para el pelo, sin brillos ni aceites.

Antes de utilizar cualquier fijador nuevo, es necesario hacer primero una prueba fuera del dibujo.

Si la obra está destinada a una exposición, es mejor enmarcarla con paspartú y cristal.

Cuando hay muchos dibujos en colores pastel, resulta más cómodo guardarlos en carpetas. Las obras que no estén fijadas deben separarse con hojas de papel de calco o de papel fino, para que el pigmento no se desprenda ni se imprima en las hojas contiguas.

¿Por qué la prefiero?

Podría pintar al óleo; de hecho, hubo un tiempo en que lo hacía. Solo pintaba con ese medio.

Pero la pintura al óleo se denomina «de caballete» porque requiere un caballete. Cuando se cambia de lugar con frecuencia, no es posible disponer de un caballete y de lienzos de diferentes tamaños. Para ello se necesita espacio, una habitación bien ventilada y tiempo para que los cuadros se sequen. El pastel se ha convertido para mí en una alternativa. No necesita secarse y es ligero. Y lo único que se necesita es papel, pasteles y barniz para fijarlos. Por eso, últimamente se ha convertido en mi material favorito. Me gusta su textura, su viveza y lo cómodo que resulta trabajar con él.